ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Sorpresa express

20 de junio de 2010

La razón y la conciencia han sido los factores originantes de la sorpresa, esa actitud del pensamiento y la emoción que reacciona con asombro ante algo inesperado en cualquier orden que se dé. Lo mismo causa sorpresa un buen chiste que un descubrimiento ingenioso, una noticia inesperada o un fenómeno insólito.

 

Nuestra vida pública está por cierto llena de sorpresas, particularmente cuando por efecto de la alienación entre sociedad y Gobierno, se vuelve  errática e imprevisible. A veces las sorpresas son buenas, a veces son simplemente insólitas. Por lo menos algunas personas conocían del proyecto que un conocido periodista de antiguo cuño había propuesto sobre el uso de las vías del tren para la construcción de un Parque Lineal primordialmente orientado al servicio no motorizado, y a la promoción del deporte y  la cultura, cuando de pronto nos anuncian una Vía Express con la inevitable sorpresa de su novedad, sea por la idea misma que por sus características.

 

Una obra dirigida a la inversión privada cuya ejecución no depende de que se destraben otros proyectos, lo que ya suena a chantaje, ni necesariamente forma parte de un plan maestro de vialidad para la Zona Metropolitana de Guadalajara. Una Vía Express prácticamente alterna a la avenida Lázaro Cárdenas si bien con elementos muy ventajosos.

 

El entusiasmo de la propuesta nos lleva lógicamente a pensar en otras realidades definitivamente mucho más apremiantes: una vía de egreso–ingreso a Guadalajara alterna a la prolongación de avenida López Mateos, aunque sea elevada, aunque sea express, aunque haya que pagar cuota, aunque la haga la iniciativa privada; y en esas específicas e idénticas condiciones una línea de tren suburbano que llegando a la antigua estación del Agua Azul, distribuya a sus usuarios o por el tren ligero de avenida Federalismo o por el Macrobús de la Calzada Independencia.

 

Valga lo mismo para la realización de un tren subterráneo que conecte el Mercado del Mar en Zapopan con la estación Mezquitán de Federalismo, sin necesidad de meter a como dé lugar el mastodóntico Macrobús por el Centro Histórico o por la propia avenida Ávila Camacho, aunque la haga la iniciativa privada, pues hasta saldría más barata que la Vía Express.

 

Claro que ya se nos acaba de arruinar el flamante brazo que buscaba desesperadamente disminuir la distancia que quiebra y separa nuestro hipotético anillo Periférico, en tanto el Centro Histórico se quedó a medias, comenzando a arruinarse lo que se había renovado, y sin que persona alguna sepa cuál será su futuro, acaso convertirse en aquellos concretos elefantes blancos que una administración no había podido concluir, y así permanecían, ya que la administración siguiente, incluso cuando eran del mismo partido, no iba a terminar lo que no había comenzado, al margen de lo que pensara, sintiera o sufriera la ciudadanía, habitual sorprendido espectador de estas interminables e interminadas ocurrencias.