ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

¿Sorpresa venezolana?

13 de diciembre de 2015

Hace algunos años llegó a afirmarse que Venezuela no era verdaderamente un estado, en todo caso era un conglomerado social sujeto a la libre iniciativa de líderes oportunistas. La sentencia no era del todo gratuita, la población de aquel país mostraba más las características de una masa manejable que de una comunidad pensante, capaz de autodeterminarse.

 

Desde el inicio de la era de Chávez hasta el presente los años han transcurrido dejando una serie de escenas muy marcadas por la prosperidad petrolera o por su caída. Su pasado no se diferencia mucho del de la mayoría de los países latinoamericanos, sujetos constantemente a dictaduras militares o civiles seguidas o antecedidas de sonados golpes de estado, con una crónica rapiña por parte de los dirigentes políticos, bajo el agobio o la fascinación de discursos demagógicos, mesiánicos y populistas donde el éxito nacional ha sido siempre pospuesto al futuro a cambio de un sacrificio social todo el tiempo presente.

 

De la dictadura populachera pero inteligente de Hugo Chavez se pasó a la dictadura solamente gritona del gobierno actual con una secuela tan trágica de sucesos que han hecho que los venezolanos transiten de la exuberancia participativa de las masas sin otra expectativa que el pan de cada día, a una reubicación de las expectativas nuevamente colocadas en las transformaciones políticas y legislativas.

 

Desde luego la percepción de lo que realmente ocurre en Venezuela es siempre nebulosa ya que la información que de allá nos llega nos viene siempre alterada por la óptica norteamericana de la CNN o de Univisión, incluso si se trata de la prensa escrita pues los monopolios informativos de las grandes potencias son pulpos globales. No obstante es claro que en Venezuela gobierno y sociedad han vivido por décadas de los intereses que les redituaba la exportación de petróleo, del mismo modo que España vivió por siglos de la explotación económica de América Latina, con detrimento de su productividad y desde luego, de su industrialización. Lejos de invertir las ganancias en una infraestructura económica diversificada, como han hecho muchos países árabes, los venezolanos se gastaron alegremente sus rentas hasta que el petróleo se vino abajo, acción no ajena a los intereses de Estados Unidos.

 

El triunfo reciente de la oposición en las elecciones legislativas realizadas en Venezuela genera por lo menos dos escenarios posibles, el de un golpe de Estado al Poder Legislativo desde el propio Gobierno, o la apertura a nuevos tiempos más democráticos y participativos que obliguen a un cambio de discurso y acción al Poder Ejecutivo.

 

En una de esas la sociedad mexicana toma por fin conciencia democrática y hace lo propio en lo que al Poder Legislativo se refiere, reduciendo el vergonzoso número de diputados federales y senadores, aboliendo el fuero en todos los casos, modificando los perfiles de los legisladores a fin de que estos sean esencialmente los adecuados para el cargo, penalizando la contratación de asesores y conexos, sujetando los salarios a resultados verificables, y de una vez, reformando también a los Poderes Ejecutivo y Judicial.