ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Todo fuera ganar

21 de junio de 2015

Sin restarle mérito al hecho mismo de haber ganado en un escenario tan difícil, como es competir con candidatos del gobierno en turno, que gozan de todo el apoyo y de todo el dinero, lo cierto es que en política no todo es ganar.

 

Las nuevas administraciones municipales no solamente reciben la carga natural de administrar la zona metropolitana, sino también la deuda, la penuria económica, y sobre todo la inercia burocrática con todas sus taras.

 

Con el Congreso ocurre lo mismo. El que está por concluir hizo una exhibición inicial de combate a la corrupción y a la ineficiencia, al final todo acabó en pocos y costosos laudos, protecciones inconmovibles, y una nueva demostración de la inutilidad de esta institución.

 

Con el Ayuntamiento tapatío sucedió lo mismo, por un lado buscaban depurar la nómina, pero sólo para volverla a llenar, ahora con sus cuates. Para lograr lo primero se toparon con el tema de la basificación, los pleitos interminables de los abogados llamados talibanes, y una mayor pérdida de recursos por ese rubro.

 

Llama mucho la atención el manejo que los gobiernos hacen de este tipo de asuntos. Por principio consideran que el asunto de depurar es simplemente despedir aún si deben enfrentar los juicios laborales respectivos. Tal vez eso se debe a la tardanza de la ley en adecuarse a las nuevas formas de delito que los propios gobiernos cometen siempre con mayor sagacidad.

 

Una verdadera evaluación de la administración saliente tiene que apoyarse en una nueva ley donde no solamente sea legítimo despedir a quienes ilegítimamente fueron contratados, sino incluso sancionar tanto al empleador como al empleado, pues tan deshonesto es aquí el que contrata como el que acepta un cargo para el cual no tiene ni la capacidad, ni los méritos ni la experiencia, y encima, se contentó, en el peor de los casos, con solamente pararse a cobrar su sueldo. Pero como quien verdaderamente gobierna es la corrupción, se entiende que además de haber estado pagando un salario a cientos de personas ineptas, encima se les deba liquidar espléndidamente por razón de los funestos laudos.

 

Pero reconstruir un nuevo periodo de gobierno municipal enfrenta ya en sí mismo otros retos. Primero, que lo que prometieron hacer lo tendrán que lograr en sólo dos años, porque seguramente al tercero ya andarán haciendo campaña para un nuevo trapecio. Segundo, que puedan también caer en el vicio depredador de pagar con cargos públicos a cuantos los apoyaron en su campaña, y como muchos de éstos solamente saben agitar banderas y pegar calcomanías, volverán a llenar las oficinas de personas incapaces y además, creídas.

 

El Congreso podría tener un éxito excepcional si en la primera sesión decretara su propia extinción, pero es muy probable que siga la costumbre distractora de seguir haciendo leyes sobre leyes y más leyes que nadie les está pidiendo, en lugar de decretar las que realmente pueden sanear la administración pública, y desde luego, reducir la nómina total comenzando por limitar cuando mucho a veinte el número de diputados y de sus respectivas regias cortes. Ya se verá.