ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Transporte panamericano

7 de agosto de 2011

A los anhelados participantes de los Juegos Panamericanos, deportistas, entrenadores, periodistas, acompañantes, familiares y espectadores que vengan a nuestra ciudad, habría que darles algunas indicaciones acerca del transporte público tapatío.

Nuestro servicio de taxi es mayoritariamente prestado por la cadena Nissan, autos económicos, de apariencia trabajadora, libres de aromatizadores artificiales y de cualesquiera otros, excepto de tabaco, con amables y platicadores conductores invariablemente vestidos con ropa casual, para que el visitante se sienta en confianza, casi como en la playa. Es verdad que los asientos de estos autos ya han sido bastante probados y revelaron ser resistentes. El magnífico clima de nuestra ciudad evita el uso de aire acondicionado, lo cual explica el que dichos sistemas estén atrofiados. Parte de nuestra bonhomía se expresa en el decorado interior de los taxis, y en el servicio incluido de música al gusto del conductor. En general son confiables y diríamos, hasta folklóricos, si bien hay que tener cuidado con el cobro, pues aquí se usa de dos tipos, arreglo verbal o sujeción al marcador oficial.

En el caso posible de que nuestros visitantes quieran hacer uso del transporte público el asunto exige de una mayor mercadotecnia. Somos sinceros, por lo mismo no nos gusta ocultar nada, ni andar barriendo por donde ve la suegra, ello explica el que los camiones, que así llamamos a los vehículos de servicio público y colectivo, se bañen una vez a la semana se ocupe o no. Por otra parte, quienes asisten a justas deportivas comprenderán y aún gozarán el hecho de que la conducción de los camiones forme parte de los deportes extremos tapatíos.

Solidarios como somos, los conductores no dejan a nadie en la esquina, a no ser que lleven prisa, pero por lo común a las horas pico, los transportes van atestados, pudiendo los usuarios subir por atrás o por delante y bajar por donde y cuando puedan. Mencionar el número de muertos por causa de los choferes o camioneros, como también se les dice, no es de buen gusto, mucho menos si lo que buscamos es atraer turistas. En cambio hay que apostarle al sabor caribeño y al ambiente de pachanga que se vive arriba del camión, gracias al generoso esfuerzo que los conductores hacen para dotar su vehículo de enormes bocinas y estéreos estilo “teatro en casa”.

Si lo que nuestros visitantes buscan es un servicio público puntual, limpio, respetuoso, donde se viaje cómodamente sentado sin llevar tres gentes encima, con choferes educados, aseados y bien presentados, no saben lo que es vivir en la aventura y en el riesgo, con esos miramientos mejor quedarse en Canadá. No obstante hay que abrir espacios posibles, sin duda que ese tipo de transporte lo hallarán casi invariablemente si hacen uso del avión, de los autobuses foráneos de elite, o de los servicios urbanos de primera clase que, mal que bien, cubren las apariencias.