ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Tres temas

5 de junio de 2016

Podrían ser muchos más, pero esta semana han ocurrido por lo menos dos hechos y uno más por suceder que merece nuestra atención.

 

De pronto la ciudadanía es sorprendida por una propuesta extraña y fuera de toda lógica: la tenencia verde. El primer nombre nos remonta a los lejanos juego olímpicos que dieron paso justamente a un impuesto sobre la propiedad de los vehículos para poder sufragar los crecidos gastos de aquella justa deportiva, tan crecidos que cuarenta años después al parecer todavía no se habían acabado de liquidar, puesto que el impuesto a la tenencia continuaba. Sea por honestidad o por populismo algunos gobiernos estatales abolieron dicho anacrónico impuesto cuyo producto ya no se sabía en que se utilizaba, no oficialmente.

 

La ingenua ocurrencia se podía inmediatamente aliar con la avidez insaciable de la administración pública, en su pretensión de revivirlo con la utópica justificación de que su producto se aplicaría a sanear el medio ambiente. Si se sanearan las finanzas públicas podríamos no sólo sanear sino hasta construir todo un nuevo medio ambiente.

 

Un segundo asunto vergonzoso y denigrante para el país ha sido el “castigo” aplicado por cuenta propia a un grupo de maestros que no se plegaron a la delincuencia organizada magisterial de Chiapas. Humillar, exhibir, denigrar y envilecer públicamente a ciudadanos mexicanos a manos de “maestros” es un hecho que no debe quedar en la impunidad, a menos que el gobierno estatal y federal estén decididos a abrir las puertas a los linchamientos de todo tipo y género, amparados en la crónica impunidad que domina a la nación.

 

El tercer escenario lo constituyen los procesos electorales en varios estados del país, casi todos altamente significativos tanto por su peso para las elecciones federales que se avecinan, como por el estado de caos y ausencia de gobernabilidad en que se encuentran. En principio no sabemos con certeza que partido o coalición vaya a ganar, lo que sí sabemos es que desde hace ya varios años lo que las elecciones demuestran es la calidad educativa y el nivel democrático de sus ciudadanos. Los procesos electorales se han convertido en una verdadera pantalla que muestra con admirable lógica la relación entre ciudadanía cómplice y partido electo, entre ciudadanía pasiva y candidatos triunfadores, entre pobreza, marginación e ignorancia y decisiones electorales. También puede mostrar las decisiones nacidas de la frustración permanente de las expectativas ciudadanas y el modo deshonesto y cínico en que los candidatos usan la precaria realidad en que la gente vive para montar sus denigrantes campañas.

 

También exhibe lo que son capaces de hacer los partidos políticos con el abundante dinero que reciben de la ciudadanía, sin tener que demostrar necesariamente en que lo usen, además de incrementar los muladares públicos con tan ingente cantidad de basura electoral.

 

Todo sumado la conclusión es clara, en México persiste el síndrome del “hambreado” o aún peor, del “muertodehambre” con todas sus características, reacciones, conductas, formas de pensar y de actuar, pues de otra manera no nos explicaríamos lo que hacen los “maestros” disidentes, los mil y un políticos en campaña y sus ayudantes, ni lo que proponen los restauradores de impuestos anacrónicos.