ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Un Congreso ejemplar

15 de enero de 2012

Charles de Secondat inventó el Estado moderno estableciendo la división de Poderes con la finalidad de evitar la tiranía. Esta propuesta era efectiva en una lectura estrictamente vertical, es decir, en teoría. La realidad ha mostrado que la tendencia tiránica del ser humano sabe siempre encontrar nuevos cauces para garantizar su sobrevivencia, aún con división de Poderes.

 

El segundo Poder en esta teoría es el Legislativo, y como los otros dos debería constituirse de acuerdo a los fines que persigue, por lo tanto, con personas especializadas en la elaboración, actualización o reforma de las leyes, siempre a tenor de las necesidades sociales. Siendo este su objetivo primordial, lo que se requiere de un Congreso no es cumplir con cuotas partidistas o ideológicas, sino satisfacer ampliamente las expectativas de la comunidad en materia legislativa.

 

Bastaría entonces con un buen equipo de 10 legisladores capaces que trabajaran con responsabilidad, ciencia y honestidad su materia, apoyados seguramente por una oficina común. Pero cuando los fines de un Congreso se desbordan y extralimitan, ya no bastan 40 diputados y mil 300 empleados, pues convertir el Palacio Legislativo en una casa de contratación, en una pasarela política, en una bolsa de trabajo, en un consorcio de divas, y en un trampolín que garantice la permanencia en la nómina requiere de todo este personal y aún más.

 

En esta materia nuestro Congreso es ejemplar. Contrata centenares de empleados y solamente dos años después se preguntan qué estarán haciendo los contratados, a qué se dedican, cuál es el puesto que ocupan, qué perfiles tendrán, a qué oficina llegan y si realmente llegan o existen. Dos años después deciden hacer una purga pero bastante selectiva, en primer lugar sólo enlistan a 600, de los cuales sólo enfocan a 300, y además, piden a sus socios, es decir, a todos los partidos implicados que decidan ellos quién se va y quién se queda, sobre todo porque muchos diputados ya están migrando en busca del siguiente trapecio y no se ve bien que dejen ahí a sus crecidos equipos.

 

Un Congreso ejemplar porque mostró que en una democracia decrépita y decadente como es la nuestra, una nueva legislatura siempre puede superar a la anterior, y con creces. Por lo mismo, mientras que por un lado aceptan haberse equivocado inflando deshonestamente las nóminas, por el otro una semejante aceptación pública de la culpa no tiene consecuencias legales, los cientos de desocupados que ahora serán desempleados, no van a devolver el dinero que injustamente obtuvieron, ni se sancionará a quienes provocaron este abuso; sin duda un atropello de las leyes cometido precisamente por quienes deberían defenderlas.

 

Ya todos los partidos están fraguando sus nuevas listas de aspirantes para la nueva legislatura, sabiendo que en Jalisco para ser diputado no se requieren capacidades sino padrinos, que los resultados se sustituyen por favores, y que la impunidad está completamente garantizada.