Un mes singular : Consejo de la crónica y la historia de Guadalajara

ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Un mes singular

3 de diciembre de 2017

La Iglesia hizo el mes de diciembre, no como mes, sino como un periodo de tiempo de alto significado. En efecto, la cultura católica ha hecho del mes de diciembre un mes de enorme riqueza simbólica, ya desde la antigüedad, cuando la comunidad cristiana fijó el 25 de diciembre como la fecha en que habría de celebrarse cada año el nacimiento de Jesús. A esta importantísima celebración, la creatividad de los misioneros españoles que vinieron a nuestro país añadió la tradición de las posadas, las pastorelas, y el maravilloso mundo de los “nacimientos”, todo un despliegue de imaginación, de fantasía, de constructividad que ha hecho a nuestra gente experta en miniaturismo y maquetería.

 

Ciertamente los “nacimientos” han sido todo un espacio abierto a la imaginación y a la creatividad de cuantos los hacen año con año, eligiendo el lugar para su elaboración, los materiales, las plataformas, los niveles, la presencia de ríos y fuentes, pequeños desiertos y oasis, cuevas, montañas, árboles y palmeras, recreando cada vez el paisaje de Belén, sin duda el paisaje más evocado en los nacimientos, y el menos representado, porque la verdadera geografía de Belén y de su aldea pocas veces han sido conocidos en su realidad actual y mucho menos en el momento histórico que los “nacimientos” evocan.

 

Y junto a los espacios rurales y urbanos prefigurados en estos nacimientos, las figuras humanas de todo tipo y tamaño, de personajes bíblicos y no bíblicos, de escenas históricas o imaginarias, de judíos y romanos, pero también de chantas torteando, de mercaderes de piñas y mangos junto a nómadas árabes, y en los “nacimientos” clásicos la infaltable figura de un chamuco enrojecido de coraje ante la posibilidad de que su reinado termine. Desde luego, figuras también de animales, de los propios de Israel o de los jamás vistos por esas latitudes, de peces flotando sobre los espejos que simulan el agua, o gallos colorados haciendo que cantan, de corderos y burros, del emblemático buey y la mula, tarea que impulsó a la artesanía en sus diversas expresiones, desde las porcelanas europeas hasta el típico valioso barro de nuestra tierra, así como el arte del diseño y el urbanismo a pequeña escala, con su respectiva iluminación hoy día, a fin de establecer el centro focal en torno al cual se celebran las posadas y las fiestas que acompañan a la Navidad, desde el 16 de diciembre hasta el 2 de febrero, con su entorno de culinaria, canto, música y convivencia de la familia humana.

 

La mitad de cada nacimiento radica ciertamente en el cerebro de quienes los hacen o contemplan, pues es la mente y su bagaje la que pone lo que falta, la que ubica, la que explica y justifica, la que entra en el espacio ambientado y se hace parte de los prolijos escenarios. Es la mente la que hace caminar a las ovejas y cantar a los pastores, la que hace escuchar el sonido de una cascada de algodón, o el rumor de un río de papel de aluminio, bordeado de pequeñas piedras que la vista cerebral mira como naturales. Valen la pena conservar esta singular tradición.