ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Un país rico

30 de agosto de 2009

Pese a todas nuestras dificultades y limitaciones México sigue siendo un país extraordinariamente rico, aunque habitado por una sociedad mayoritariamente pobre, si consideramos que las clases medias van a la baja, en tanto el número de personas que deben vivir con no más de tres salarios mínimos al mes, aumenta.

 

Pero el país es rico, si no, cómo explicar el que quinientos diputados federales ganan en un mes lo que en ese mismo tiempo ganan 166,000 mexicanos trabajando ocho horas diarias por tres salarios mínimos, viajando en metro, camión, bicicleta, tren ligero, Macrobús o lo que sea, viviendo en casas del INFONAVIT si bien les va, comiendo el mínimo posible en cantidad y nutrientes y viendo crecer a sus hijos en barrios deprimentes, con una educación hecha a la carta para mantenerlos pasivos y resignados, a no ser que los maestros, reprobados o no, decidan irse de plantón al distrito federal, o anden ocupados en pasar de una letra a otra aunque sea pagando, o francamente su labor les tenga sin cuidado.

 

Estas condiciones de vida son tierra fértil para quinientas, mil o más pandillas que asolan las periferias de las ciudades, para el consumo de drogas o de su tráfico,  la desintegración familiar o su disfunción, en tanto los señores diputados disponen de boletos de avión de primera clase, seguro de gastos médicos en hospitales particulares, asesores que además les digan qué hacer o decir, o hagan el trabajo por ellos, y muchas otras prerrogativas  a cambio de no hacer sino grillar.

 

¿Qué pasaría si el país se privara al menos por seis meses de los invaluables servicios de los señores diputados federales? En primer lugar nadie se daría cuenta, en segundo lugar tampoco pasaría nada, y en tercer lugar el país se ahorraría tres mil quinientos millones de pesos. En cambio si dejan de trabajar los carretones de basura, los obreros del SIAPA, los servicios de seguridad pública, que si no sirven por lo menos amedrentan, y cuantos hacen posible que una ciudad funcione, entonces sí que pasan muchas cosas. Estas personas sin embargo ganan un salario que ni de lejos se equipara al de los diputados.

 

Pero claro, sí somos un país rico, y bastante rico pues de otra manera no se explicaría el que nos demos el extravagante lujo de sostener una Cámara de Diputados federal de semejante peso sin que ello le reporte al país beneficio alguno, proporcional a su número y a su costo.

 

Si de pronto la empresa se pusiera de acuerdo y decidiera no transmitir al gobierno los impuestos que debe pasarle, hasta que los Congresos estatales y federales redujeran su número y salario, hasta que el gobierno mismo dejara de seguir usando los menguados recursos del petróleo en gasto corriente, y otras lindezas, eso sí que sería la mejor forma de celebrar el centenario de la Revolución, y lograr entonces la segunda y mayor Independencia, emancipar a México del poder absoluto y regio de los partidos políticos.