ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Un sueño posible

12 de diciembre de 2010

Hace dos siglos la unidad de la Nueva España estaba cifrada por lo menos en tres elementos fundamentales: la historia común virreinal, el predominio de la lengua española, y la cultura católica. Esta unidad básica permitía paliar con diversidades tan notables como las razas, la geografía accidentada, las diferencias económicas e ideológicas, y el dilatado territorio.

 

Consumada años después la independencia, a ciertos países extranjeros como a ciertos connacionales les pareció que el objetivo a lograr era romper esa unidad nacional, para lo cual convirtieron la diversidad natural en toda sociedad, en agresividad excluyente bajo los matices de las ideologías o por medio de la importación de nuevos grupos religiosos, provenientes de Estados Unidos, ingredientes que efectivamente produjeron un caos fenomenal por décadas, y de manera permanente un foco inapagable de confusión y fragmentación social.

 

No obstante, buena parte del patrimonio cultural de México posee un carácter irreversiblemente virreinal, de innegable valor proverbial, y además, con presencia viva y actuante en la realidad contemporánea, sea bajo la forma de herencia monumental, lenguaje, folklore, tradiciones sociales, esquemas valorales y abundantes símbolos de notable convocatoria, como es el caso de la imagen guadalupana a nivel nacional.

 

Si la estrategia de los emisarios de la división ha sido fracturar a la sociedad mexicana, un sueño posible sería el que todas las organizaciones religiosas y no religiosas, burlaran semejante proyecto y se aplicaran en la construcción de un país intensamente unido, aceptando incluso el patrimonio de la cultura virreinal como lo que es, una parte importante de nuestra historia, y respetando los símbolos de unidad de esta herencia, aun los religiosos, sin que deban por ello venerarlos, algo que la comunidad judía ha aprendido a hacer luego de siglos de reflexión, de madurez y de universalidad de pensamiento.

 

El sueño se puede realizar, pero exige altura de miras, apertura mental, cambio de actitudes, y de métodos en los reactivos habituales del proselitismo religioso, como son: juicios bíblicos descontextualizados, condenas apocalípticas, contrastes maniqueos, burla e intolerancia, y no pocas veces agresión; algunas de estas posturas también se han dado en la comunidad católica, pero podemos aspirar a un escenario totalmente distinto, como lo exige hoy día la justicia y la paz a favor de México.