ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Y además delicados

12 de noviembre de 2011

Prohibido llamar la atención a persona alguna sea de la edad que sea. Si es menor de edad, él o sus padres inmediatamente se inconforman ante profesores, parientes o vecinos. Si son adultos, más delicados todavía. A nadie se le ocurra hacerle notar a otro una infracción de tránsito, porque el infractor además de irresponsable es delicado, dígase lo mismo si su vecino cumple años o lo que sea y le obsequia un reventón de barrio hasta altas horas de la noche y con cuanto amplificador pudo conseguir, total, él está en su casa y en su casa puede hacer lo que le pegue la gana ¿llamar a la Policía? Sea práctico, váyase a un hotel y pídale a Dios que no tengan algún evento.

En ésta nuestra sociedad sin ley ni autoridad que la haga cumplir, todos acabamos pensando que somos nuestra propia ley, y que cualquiera que pretenda corregirnos debe ser visto como un agresor, y deberá ser tratado como tal. ¿Cuál será la recóndita explicación de personalidades semejantes? Ciertamente inmadurez crónica, porque la madurez se expresa aceptando las consecuencias de los propios actos sin andar buscando escapes infantiles o incomodándonos porque nos demuestran nuestros errores. También actitudes neuróticas que alteran la racionalidad y desatan las emociones a la menor provocación y siempre con total desmesura de palabras, gestos y hasta puñetazos. Ausencia de educación cívica será la explicación más común, porque al faltar ésta la sociedad se comporta según la ley de la selva. Por lo tanto, neuróticos, infantiles, primitivos y encima delicados, así nos estamos viendo en esta leal ciudad.

Quisiéramos tener a la vista actitudes opuestas que nos llevaran a reflexionar sobre las nuestras, pero no se advierten ni siquiera ahí donde debieran verse, caso típico es el que todos los días constatamos en las cámaras de Diputados estatales y desde luego en la federal, cuyos integrantes, en buena parte, llenan a la perfección el perfil arriba señalado, y si alguien se los hace notar, se adueñan de la tribuna para criticar a quienes los critican superando en palabras y tonos a las honestas vendedoras de verduras o lavanderas de vecindad. Quieren hacer lo que les pegue la gana y que la ciudadanía les aplauda, pelearse entre ellos con empujones y mentadas, siendo los garantes de la ley y del orden, y luego decir que son “nuestros representantes”, y tal vez tengan razón, nos representan, nos reflejan, aunque les pagamos esperando que fueran distintos.

Me pregunto cuáles serán los programas que escuelas, universidades, empresas,  iglesias y sindicatos están implementando para corregir estas actitudes a partir de las personas sobre las cuales tienen influencia inmediata, y de haberlos, cuáles han sido los resultados  constatables; me pregunto igualmente quiénes y con qué resultados están trabajando para educar en la madurez a nuestra sociedad para que nos hagamos responsables o se nos quite lo delicado.