ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

¿Y la Revolución?

20 de noviembre de 2011

Siempre me ha llamado la atención el que las fiestas patrias se celebren con un desfile militar y la Revolución con un desfile deportivo ¿acaso la Revolución no implicó infinitas luchas armadas? ¿Acaso no fueron las armas lo que, finalmente, decidió los resultados? ¿O será que sus beneficios no son de tomarse en serio? Tal vez lo más seguro es que la Revolución es algo que se debe tomar muy deportivamente.

Ciertamente entre las diversas corrientes que animaron el movimiento desatado por Madero se destacaron dos, la que buscaba el predominio de la auténtica democracia y, la que postulaba una serie notable y urgente de cuestiones sociales: jornada laboral de ocho horas, descanso dominical, salario justo, supresión del trabajo infantil, protección para la mujer, atención a la salud de los trabajadores, abolición de las tiendas de raya, etcétera.

A la luz de estos ideales y de su actual condición podemos decir que la Revolución es algo que ya no debe celebrarse, pues solamente los demagogos podrían hacerlo. La situación actual de los Tres Poderes es muy semejante a la que se tenía en la época de don Porfirio, con la diferencia de que los políticos de entonces, además de educación, conservaban un mínimo de valores y principios, y desde luego, no ganaban, comparativamente, lo que ganan los de hoy, con resultados mucho menores. En lo que mira a la democracia, si hace 101 años la tenía secuestrada el presidente, hoy la tienen secuestrada los partidos a un costo muy superior y con mayor perversidad y embrutecimiento social.

En lo que mira a la cuestión social, la traición ha sido semejante. Desde que México se sumó al capitalismo neoliberal en los últimos sexenios gobernados por el PRI, con el ingreso a la OMC y al TLC, de la Revolución no quedó más que la nomenclatura invasiva que hemos conocido. En consecuencia se desencadenó un proceso  que ha ido aniquilando el mayor número posible de conquistas revolucionarias: el ejido, la seguridad social, el ahorro para el retiro, el derecho a la liquidación, y cuanta prestación social se hubiese alcanzado.

En nuestro propio medio abundan las empresas locales, nacionales o extranjeras que pueden contratar trabajadores sin prestación social alguna, someterlos a regímenes de explotación brutal, crear entidades fantasmas para evadir el pago de impuestos so pretexto de alguna fundación, contratar y despedir gente solamente en tanto se les exprime y un sin fin de atrocidades que sufre cada vez un mayor número de personas de todos los niveles sociales y profesionales, en tanto los dueños se enriquecen al margen de la ley, y desde luego, de una moral que jamás han tenido ni les preocupa tener, porque el capitalismo neoliberal abole todo límite a la llamada libre empresa, única forma de generar abundante riqueza, olvidándose que tal generación de riqueza, como en los tiempos de don Porfirio, sólo favorece a los dueños, jamás a los trabajadores.