“Ya está decidido” : Consejo de la crónica y la historia de Guadalajara

ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

“Ya está decidido”

19 de noviembre de 2017

En los antiguos tiempos de la Hélade existió un famoso santuario oracular, el templo de Delfos, a dónde acudían visitantes de todo el mundo conocido en busca de un oráculo. No era ciertamente el único sitio ni sólo en Delfos había pitonisas que dominaban el arte de predecir el futuro, como creía la gente, en muchas otras partes hubo y sigue habiendo este tipo de adivinos.

 

En los tiempos que corren la gente puede realizar esta práctica por internet, acudiendo a magos, o esperar la temporada de gitanos, expertos en descubrir lo que las líneas de la mano revelan sobre el porvenir. También existen los futurólogos profesionales y por supuesto los encuestadores, que ya afinan sus herramientas en vistas al próximo proceso electoral, y que, como si se tratara de una carrera de caballos, le van diciendo a la ciudadanía por cual carril cabalga el triunfador.

 

En los espacios de las elites se oye también una extraña afirmación: “Ya está decidido”, frase bastante generalizada y de reciente uso, pero que encierra todo un misterio. La afirmación se refiere a que ya alguien decidió quién será el próximo presidente o el próximo gobernador o el próximo alcalde meses antes de que la soberana ciudadanía emita su voto, es decir, vote del modo que la gente vote, fulanito va a ganar.

 

No es que estemos pensando que en México exista o funcione la democracia, todavía no es así pese a los notables avances logrados. Tampoco significa que se sigan manteniendo los usos y costumbres de nuestra pasada aunque cercana edad primitiva en que se robaban las urnas, se embarazaban, o incluso hasta los difuntos salían a votar por el mismo partido y hasta varias veces. También el fraude a la democracia ha evolucionado, se ha hecho más técnico, más sofisticado, como una batalla de posiciones que exige disponer de escuadrones adiestrados que deben movilizarse en el tiempo y lugar oportuno según haga falta.

 

En efecto, en México el voto libre y secreto existe pero es del todo irrelevante, lo que sigue definiendo los resultados electorales son los votos corporativos, esos que se agencian de antemano, que se subastan en la bolsa donde cotizan los poderes fácticos, los líderes inmarcesibles que mantienen el control de sus allegados lo mismo en un sindicato, que en una enorme empresa, o en una secta, espacios pantanosos que mantienen la vocación democrática del país sumergida en el estiércol de sus ambiciones. Junto a este recurso existe otro aún más vergonzoso: postular candidatos que su partido sabe perfectamente bien que no van a ganar, y hacerlo justamente para que gane el que “ya está decidido”.  Lo demás es tirar el dinero para fingir campañas y hacer perder el tiempo a los que buenamente acuden a las urnas, a menos que de pronto, a todo mundo, también a los votantes cautivos de los líderes caciquiles les dé por votar por quienes ellos quieren independientemente de las consignas que reciban o de la debilidad intencionada de los otros candidatos. Entonces ya podría comenzarse a hablar de una genuina democracia y no de la comedia burda que seguimos manteniendo.