ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Zona treinta

14 de diciembre de 2014

Con inauguraciones pospuestas y sin acabados de calidad se inauguró el proyecto “Zona 30” cuyo objetivo es fortalecer las zonas peatonales del Centro Histórico de Guadalajara y obligar a los automovilistas a bajar la velocidad cuando lo cruzan.

 

No debemos olvidar que el Centro Histórico de nuestra ciudad capital es la sala de recibir del Estado de Jalisco, cuanto se haga por mejorarlo, limpiarlo y conservarlo será siempre de notable valor, pero quedan aspectos y prácticas pendientes de analizar.

 

La iniciativa de colocar paneles informativos junto a los monumentos históricos de la ciudad ha sido otra buena idea, sólo que algunos de éstos ofrecen información incorrecta revelando que no fueron avalados por quienes tienen esa función, así se dice que el ex convento del Carmen fue de monjas, cuando en realidad fue siempre de frailes.

 

Por otra parte nadie ha cuestionado con seriedad si las plazas públicas deben seguir siendo utilizadas para tianguis, espectáculos, ferias, o exposiciones que las inhabilitan hasta en los periodos vacacionales, cuando deberían estar libres de carpas y tenderetes a fin de que el turismo las pueda disfrutar, máxime que se hicieron justamente para que pudiesen apreciarse los importantes conjuntos arquitectónicos que en torno a dichas plazas se hallan. En su lugar aparecen esos tendidos de lonas sobre las cuales apenas si sobresale el frontispicio del teatro Degollado o las torres de catedral, nadie quiere llevarse una semejante foto del recuerdo a no ser para exhibir las decisiones tapatías y el modo en que los tapatíos dejamos que traten nuestros monumentos.

 

Por si fuera poco, la autoridad municipal que da permisos para los tianguis obtiene recursos, pero deja a la ciudadanía en el abandono, caso emblemático es el tianguis navideño del jardín de San José, también llamado Reforma. Montado desde mediados de noviembre y a sabiendas del caos vehicular que provoca, jamás la autoridad vial se ha hecho presente para regular y agilizar la zona, al contrario, da la impresión de que les pagan para que no vayan. Con la prepotencia que les caracteriza, estos comerciantes dejan sin banqueta a los peatones que deben, o meterse al tianguis a más no poder, o exponerse a caminar por media calle Reforma. Los compradores desde luego hacen lo que les viene en gana obstruyendo la vialidad en la avenida Alcalde por el congestionamiento de las calles aledañas. De la basura que dejan todo el día, ni hablar.

 

No hay duda que a la gente le gusta el circo, pero ¿hay que dárselo en la gran plaza ubicada entre el teatro Degollado y la catedral? Esa es justamente la plaza que muestra los edificios más emblemáticos de la ciudad ¿Qué no tiene el ayuntamiento infinidad de grandes baldíos a unas cuadras de dicho lugar?

 

Ahora, para apreciar estos lugares de tanta historia y tradición hay que ir en otra época del año, sin que eso sea garantía, porque hoy día resulta difícil saber cuándo dejaran a los jardines y plazas ser lo que son y aquello para lo que fueron hechos.